Viernes, 07 de diciembre de 2007
El pescador dijo:

"Sabr?s, ?oh, efrit! , que en la antig?edad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo en la ciudad de Fars, en el pa?s de los rum?n ( los romanos y los grigos de Bizancio. Por extensi?n los cristianos) un rey llamado Yun?n. Era rico y poderoso, se?or de ej?rcitos, due?o de fuerzas considerables y de aliados de todas las especies de hombres. Pero su cuerpo padec?a una lepra que desesperaba a los m?dicos y
los sabios. Ni drogas, ni p?ldoras, ni pomadas le hac?an efecto alguno, y ning?n sabio pudo encontrar un eficaz remedio para la espantosa dolencia. Pero cierto d?a lleg? a la capital del rey Yun?n un m?dico anciano de renombre, llamado Ruy?n. Hab?a estudiado los libros griegos, persas, romanos, ?rabes y sirios, as? como la medicina y la astronom?a, cuyos principios y reglas no ignoraba, as? como sus buenos y malos efectos. Conoc?a las virtudes de las plantas grasas y secas y tambi?n sus buenos y malos efectos. Por ?ltimo, hab?a profundizado la filosof?a y todas las ciencias m?dicas y otras muchas adem?s.
Cuando este m?dico lleg? a la ciudad y permaneci? en ella algunos d?as, supo la historia del rey y de la lepra que le martirizaba por la voluntad de Alah, enter?ndose del fracaso absoluto de todos los m?dicos y sabios. Al tener de ello noticia, pas? muy preocupado la noche. Pero no bien despert? por la ma?ana -al brillar la luz del d?a y saludar el sol al mundo, magn?fica decoraci?n del Optimo- se puso su mejor traje y fue a ver al rey Yun?n. Bes? la tierra entre las manos del rey (1) e hizo votos por la duraci?n eterna de su poder?o y de las gracias de Alah y de todas las mejores cosas. Despu?s le enter? de qui?n era, y le dijo:
"He averiguado la enfermedad que atormenta tu cuerpo y he sabido que un gran n?mero de m?dicos no ha podido encontrar el medio de curarla. Voy, ?oh rey! a aplicarte mi tratamiento, sin hacerte beber medicinas ni untarte con pomadas."
Al o?rlo, el rey Yun?n se asombr? mucho, y le dijo: "?Por Alah! que si me curas te enriquecer? hasta los hijos de tus hijos, te conceder? todos tus deseos y ser?s mi compa?ero y mi amigo." En seguida le di? un hermoso traje y otros presentes, y a?adi? :"?Es cierto que me curar?s de esta enfermedad sin medicamentos ni pomadas?"


1)Besar la tierra entre las manos del rey" equivale a decir que se inclin? hasta el suelo y la bes? delante del rey.(2) Plaza consagrada a los juegos
Y respondi? el otro: "S?, ciertamente. Te curar? sin fatiga ni pena para tu cuerpo". El rey le dijo, cada vez m?s asombrado: "?Oh gran m?dico! ?Qu? d?a y qu? momento ver?n realizarse lo que acabas de prometer? Apres?rate a hacerlo, hijo m?o." Y el m?dico contest?: "Escucho y obedezco."
Entonces sali? del palacio y alquil? una casa, donde instal? sus libros, sus remedios y sus plantas arom?ticas. Despu?s hizo extractos de sus medicamentos y de sus simples, y con estos extractos construy? un mazo corto y encorvado, cuyo mango horad?, y tambi?n hizo una pelota, todo esto lo mejor que pudo. Terminado completamente su trabajo, al segundo d?a fu? a palacio, entr? en la c?mara del rey y bes? la tierra entre sus manos. Despu?s le prescribi? que fuera a caballo al meid?n (2) y jugara con la bola y el mazo.
Acompa?aron al rey sus emires, sus chambelanes, sus visires y los jefes del reino. Apenas hab?a llegado al meid?n, se le acerc? el m?dico y le entreg? el mazo, dici?ndole: "Emp??alo de este modo y da con toda tu fuerza en la pelota. Y haz de modo que llegues a sudar. De este modo el remedio penetrar? en la palma de la mano y circular? por todo tu cuerpo. Cuando transpires y el remedio haya tenido tiempo de obrar, regresa a tu palacio, ve en seguida a ba?arte al hammam y quedar?s curado. Ahora, la paz sea contigo."
El rey Yun?n cogi? el mazo que le alargaba el m?dico, empu??ndolo con fuerza. Intr?pidos jinetes montaron a caballo y le echaron la pelota. Entonces empez? a galopar detr?s de ella para alcanzarla y golpearla, siempre con el mazo bien cogido. Y no dej? de golpear hasta que transpir? bien por la palma de la mano y por todo el cuerpo, dando lugar a que la medicina obrase sobre el organismo. Cuando el m?dico Ruy?n vi? que el remedio hab?a circulado suficientemente, mand? al rey que volviera a palacio para ba?arse en el hammam. Y el rey march? en seguida y dispuso que le prepararan el hammam.
Se lo prepararon con gran prisa, y los esclavos apresur?ronse tambi?n a disponerle la ropa. Entonces el rey entr? en el hammam y tom? el ba?o, se visti? de nuevo y sali? del hammam para montar a caballo, volver a palacio y echarse a dormir.
Y hasta aqu? lo referente al rey Yun?n. En cuanto al m?dico Ruy?n, ?ste regres? a su casa, se acost?, y al despertar por la ma?ana fu? a palacio, pidi? permiso al rey para entrar, lo que ?ste le concedi?, entr?, bes? la tierra entre sus manos y empez? por declamar gravemente algunas estrofas:

?Si la elocuencia te eligiese como padre, reflorecer?a! ?Y no sabr?a elegir ya a otro m?s que a ti!
?Oh rostro radiante, cuya claridad borrar?a la llama de un tiz?n encendido!

?Ojal? ese glorioso semblante siga con la luz de su frescura y alcance a ver c?mo las arrugas surcan la cara del Tiempo!

?Me has cubierto con los beneficios de tu generosidad, como la nube bienhechora cubre la colina!

?Tus altas haza?as te han hecho alcanzar las cimas de la gloria y eres el amado del Destino, que ya no puede negarte nada!

Recitados los versos, el rey se puso de pie, y cordialmente tendi? sus brazos al m?dico. Luego le sent? a su lado, y le regal? magn?ficos trajes de honor.
Porque, efectivamente, al salir del hammam el rey se hab?a mirado el cuerpo, sin encontrar rastro de lepra, y vi? su piel tan pura como la plata virgen. Entonces se dilat? con gran j?bilo su pecho. Y al otro d?a, al levantarse el rey por la ma?ana, entr? en el diw?n, se sent? en el trono y comparecieron los chambelanes y grandes del reino, as? como el m?dico Ruy?n. Por esto, al verle, el rey se levant? apresuradamente y le hizo sentar a su lado. Sirvieron a ambos manjares y bebidas durante todo el d?a. Y al anochecer, el rey entreg? al m?dico dos mil dinares, sin contar los trajes de honor y magn?ficos presentes, y le hizo montar su propio corcel. Y entonces el m?dico se despidi? y regres? a su casa.
El rey no dejaba de admirar el arte del m?dico ni de decir: "Me ha curado por el exterior de mi cuerpo sin untarme con pomadas. ?Oh Alah! ?Qu? ciencia tan sublime! Fuerza es colmar de beneficios a este hombre y tenerle para siempre como compa?ero y amigo afectuoso." Y el rey Yun?n se acost?, muy alegre de verse con el cuerpo sano y libre de su enfermedad.
Cuando al otro d?a, se levant? el rey y se sent? en el trono, los jefes de la naci?n pusi?ronse de pie, y los emires y visires se sentaron a su derecha y a su izquierda. Entonces mand? llamar al m?dico Ruy?n, que acudi? y bes? la tierra entre sus manos. El rey se levant? en honor suyo, le hizo sentar a su lado, comi? en su compa??a, le dese? larga vida y le dio magn?ficas telas y otros presentes, sin dejar de conversar con ?l hasta el anochecer, y mand? le entregaran a modo de remuneraci?n cinco trajes de honor y mil dinares. Y as? regres? el m?dico a su casa, haciendo votos por el rey.
Al levantarse por la ma?ana, sali? el rey y entr? en el diw?n, donde le rodearon los emires, los visires y los chambelanes. Y entre los visires uno de cara siniestra, repulsiva, terrible, s?rdidamente avaro, envidioso y saturado de celos y de odio. Cuando este visir vi? que el rey colocaba a su lado al m?dico Ruy?n y le otorgaba tantos beneficios, le tuvo envidia y resolvi? secretamente perderlo. El proverbio lo dice:
"El envidioso ataca a todo el mundo. En el coraz?n del envidioso est? emboscada la persecuci?n y la desarrolla si dispone de fuerza o la conserva latente la debilidad?.
El visir se acerc? al rey Yun?n, bes? la tierra entre sus manos , y dijo: "?Oh rey del siglo y del tiempo, que envuelves a los hombres en tus beneficios! Tengo para ti un consejo de gran importancia, que no podr?a ocultarte sin ser un mal hijo. Si me mandas que te lo revele, yo te lo revelar?". Turbado entonces el rey por las palabras del visir, le dijo: "?Qu? consejo es el tuyo?" El otro respondi?: "?Oh rey glorioso! los antiguos han dicho: "Quien no mire el fin y las consecuencias no tendr? a la Fortuna por amiga", y justamente acabo de ver al rey obrar con poco juicio otorgando sus bondades a su enemigo, al que desea el aniquilamiento de su reino, colm?ndole de favores, abrum?ndole con generosidades. Y yo, por esta causa, siento grandes temores por el rey".
Al o?r esto, el rey se turb? extremadamente, cambi? de color, y dijo: "?Qui?n es el que supones enemigo m?o y colmado por mis favores?" Y el visir respondi?: "?Oh rey! Si est?s dormido, despierta, porque aludo al m?dico Ruy?n". El rey dijo: "Ese es buen amigo m?o, y para m? el m?s querido de los hombres, pues me ha curado con una cosa que yo he tenido en la mano y me ha librado de mi enfermedad, que hab?a desesperado a los m?dicos. Ciertamente que no hay otro como ?l en este siglo, en el mundo entero, lo mismo en Occidente que en Oriente. ?C?mo te atreves a hablarme as? de ?l? Desde ahora le voy a se?alar un sueldo de mil dinares al mes. Y aunque le diera la mitad de mi reino, poco ser?a para lo que merece. Creo que me dices todo eso por envidia, como se cuenta en la historia, que he sabido, del rey Sindabad".

En aquel momento la aurora sorprendi? a Schehrazada, que interrumpi? su narraci?n.
Entonces Doniazada le dijo: "?Ah, hermana m?a! ?Cu?n dulces, cu?n puras, cu?n deliciosas son tus palabras!" Y Schehrazada dijo: "?Qu? es eso comparado con lo que os contar? la noche pr?xima,
si vivo todav?a y el rey tiene a bien conservarme?"
Entonces el rey dijo para s?: "?Por Alah! No la matar? sin haber o?do la continuaci?n de su historia, que es verdaderamente maravillosa". Luego pasaron ambos la noche enlazados hasta por la ma?ana. Y el rey fu? al diw?n y juzg?, otorg?, destituy? y despach? los asuntos pendientes hasta acabarse el d?a. Despu?s se levant? el diw?n y el rey entr? en su palacio. Y cuando se aproxim? la noche hizo su cosa acostumbrada con Schehrazada, la hija del visir.

Ella dijo:

He llegado a saber, ?oh rey afortunado! que el rey Yun?n dijo a su visir: "Visir, has dejado entrar en ti la envidia contra el m?dico, y quieres que yo lo mate para que luego me arrepienta, como se arrepinti? el rey Sindabad despu?s de haber matado al halc?n". El visir pregunt?: "?Y c?mo ocurri? eso?"

Entonces el rey Yun?n cont?:

Tags: Cuentos

Publicado por raulsvl @ 15:12
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Comentarios
Publicado por invitado
Jueves, 07 de mayo de 2009 | 3:44
Excelente. Muchas Gracias. ?Qu? traducci?n est?s usando? Yo tengo la de Cansinos Assens, que la encontr? en tu M?xico luego de buscar por varias librer?as en varios paises, una traducci?n (Calcuta II) impecable en una edici?n de Aguilar tambi?n impecable.
Publicado por invitado
Jueves, 07 de mayo de 2009 | 4:01
Excelente. Muchas Gracias. ?Qu? traducci?n est?s usando? Yo tengo la de Cansinos Assens, que la encontr? en tu M?xico luego de buscar por varias librer?as en varios paises, una traducci?n (Calcuta II) impecable en una edici?n de Aguilar tambi?n impecable.
Publicado por raulsvl
Jueves, 07 de mayo de 2009 | 13:03
Que bueno que te gusten estos cuentos, sobre la traduccion la hizo el amigo de un amigo mio que esta en Europa. Casi no se ve el libro por lo viejo pero es de 1842 y la editorial casi no se ve pero creo que dice Mac Noghten de calcutla, saludos... Gui?o