Viernes, 07 de diciembre de 2007
Hab?a en la ciudad de Bagdad un hombre que era soltero y adem?s mozo de cordel.
Un d?a entre los d?as, mientras estaba en el zoco, indolentemente apoyado en su espuerta, se par? delante de ?l una mujer con un ancho manto de tela de Mussul, en seda sembrada de lentejuelas de oro y forro de brocato. Levant? un poco el velillo de la cara y aparecieron por debajo dos ojos negros con largas pesta?as y ?qu? p?rpados! Era esbelta, sus manos y sus pies muy peque?os, y reun?a, en fin, un conjunto de perfectas cualidades. Y dijo con su voz llena de dulzura: "?Oh mandadero! coge la espuerta y s?gueme". Y el mandadero, sorprendid?simo, no supo si hab?a o?do bien, pero cogi? la espuerta y sigui? a la joven, hasta que se detuvo a la puerta de una casa. Llam? y sali? un nusran?,(nazareno, cristiano) que por un dinar le di? una medida de aceitunas, y ella las puso en la espuerta, diciendo al mozo: "Lleva eso y s?gueme".
Y el mandadero exclam?: "?Por Alah! ?Bendito d?a!" Y cogi? otra vez la espuerta y sigui? a la joven. Y he aqu? que se par? ?sta en la fruter?a y compr? manzanas de Siria, membrillos osmani, melocotones de Om?n, jazmines de Alepo, nen?fares de Damasco, cohombros del Nilo, limones de Egipto, cidras sultan?, bayas de mirto, flores de henn?, an?monas rojas de color de sangre, violetas, flores de granado y narcisos. Y lo meti? todo en la espuerta del mandadero, y le dijo: "Ll?valo". Y ?l lo llev?, y la sigui? hasta que llegaron a la carnicer?a, donde dijo la joven: "Corta diez artal de carne".(1 )
Y el carnicero cort? los diez artal, y ella los envolvi? en hojas de banano, los meti? en la espuerta, y dijo: "Ll?valo, ?oh mandadero!" Y ?l lo llev? as?, y la sigui? hasta encontrar un vendedor de almendras, al cual compr? la joven toda clase de almendras, diciendo al mozo: "Ll?valo y s?gueme". Y carg? otra vez con la espuerta y la sigui? hasta llegar a la tienda de un confitero, y all?compr? ella una bandeja y la cubri? de cuanto hab?a en la confiter?a: enrejados de az?car con manteca, pastas aterciopeladas perfumadas con almizcle y deliciosamente rellenas, bizcochos llamados sabun, pastelillos, tortas de lim?n, confituras sabrosas, dulces llamados muchabac, bocadillos huecos llamados lucmet-el-kad?, otros cuyo nombre es assabihzeinab, hechos con manteca, miel y leche. Despu?s coloc? todas aquellas golosinas en la bandeja, y la bandeja encima de la espuerta.
Entonces el mandadero dijo: "Si me hubieras avisado habr?a alquilado una mula para cargar tanta cosa". Y la joven sonri? al o?rlo. Despu?s se detuvo en casa de un destilador y compr? diez clases de aguas: de rosas, de azahar y otras muchas, y varias bebidas embriagadoras, como asimismo un hisopo para aspersiones de agua de rosas almizclada, granos de incienso macho, palo de ?loe, ?mbar gris y almizcle, y finalmente velas de cera de Alejandr?a.



(1) Artal, plural de ratl, peso que var?a, seg?n las comarcas, entre dos onzas y doce
Todo lo meti? en la espuerta, y dijo al mozo: "Lleva la espuerta y s?gueme". Y el mozo la sigui?, llevando siempre la espuerta, hasta que la joven lleg? a un palacio, todo de m?rmol, con un gran patio que daba al jard?n de atr?s. Todo era muy lujoso, y el p?rtico ten?a dos hojas de ?bano, adornadas con chapas de oro rojo.
La joven llam?, y las dos hojas de la puerta se abrieron. El mandadero vi? entonces que hab?a abierto la puerta otra joven, cuyo talle, elegante y gracioso, era un verdadero modelo, especialmente por sus pechos redondos y salientes, su gentil apostura, su belleza y todas las perfecciones de su talle y de todo lo dem?s. Su frente era blanca como la primera luz de la luna nueva, sus ojos como los ojos de las gacelas, sus cejas como la luna creciente del Ramad?n, sus mejillas como an?monas, su boca como el sello de Soleim?n, su rostro como la luna llena al salir, sus dos pechos como granadas gemelas. En cuanto a su vientre juvenil, el?stico y flexible, se ocultaba bajo la ropa como una carta preciada bajo el rollo que la envuelve.
Por eso, a su vista, not? el mozo que se le iba el juicio y que la espuerta se le ven?a al suelo. Y dijo para s?: "?Por Alah! ?En mi vida he tenido un d?a tan bendito como el de hoy!"
Entonces esta joven tan admirable dijo a su hermana la proveedora y al mandadero: "?Entrad, y que la acogida aqu? sea para vosotros tan amplia como agradable!"
Y entraron, y acabaron por llegar a una sala espaciosa que daba al patio, adornada con brocados de seda y oro, llena de lujosos muebles con incrustaciones de oro, jarrones, asientos esculpidos, cortinas y unos roperos cuidadosamente cerrados.
En medio de la sala hab?a un lecho de m?rmol incrustado con perlas y esplendorosa pedrer?a, cubierto con un dosel de raso rojo. Sobre ?l estaba extendido un mosquitero de fina gasa, tambi?n rojo, y en el lecho hab?a una joven demaravillosa hermosura, con ojos babil?nicos, un talle esbelto como la letra aleph, y un rostro tan bello, que pod?a envidiarlo el sol luminoso. Era una estrella brillante, una noble hermosura de Arabia, como dijo el poeta:

?El que mida tu talle, ?oh joven! y lo compare por su esbeltez con la delicadeza de una rama flexible, juzga con error a pesar de su talento! ?Porque tu talle no tiene igual, ni tu cuerpo un hermano!

?Porque la rama s?lo es linda en el ?rbol y estando desnuda! ?Mientras que t? eres hermosa de todos modos, y las ropas que te cubren son ?nicamente una delicia m?s!

Entonces la joven se levant?, y llegando junto a sus hermanas, les dijo: "?Por qu? permanec?is quietas? Quitad la carga de la cabeza de ese hombre". Entonces entre las tres le aliviaron del peso. Vaciaron la espuerta, pusieron cada cosa en su sitio, y entregando dos dinares al mandadero, le dijeron: "?Oh mandadero! vuelve la cara y vete inmediatamente". Pero el mozo miraba a las j?venes, encantado de tanta belleza y tanta perfecci?n, y pensaba que en su vida hab?a visto nada semejante. Sin embargo, choc?bale que no hubiese ning?n hombre en la casa. En seguida se fij? en lo que all? hab?a de bebidas, frutas, flores olorosas y otras cosas buenas, y admirado hasta el l?mite de la admiraci?n, no ten?a maldita la gana de marcharse.
Entonces la mayor de las doncellas le dijo: "?Por qu? no te vas? ?Es que te parece poco el salario?" Y se volvi? hacia su hermana, la que hab?a hecho las compras, y le dijo: "Dale otro dinar". Pero el mandadero replic?: "?Por Alah, se?oras m?as! Mi salario suele ser la cent?sima parte de un dinar, por lo cual no me ha parecido escasa la paga. Pero mi coraz?n est? pendiente de vosotras. Y me pregunto cu?l puede ser vuestra vida, ya que viv?s en esta soledad, y no hay hombre que os haga compa??a.
?No sab?is que un minarete s?lo vale algo con la condici?n de ser uno de los cuatro de la mezquita? Pero ?oh se?oras m?as! no sois m?s que tres, y os falta el cuarto. Ya sab?is que la dicha de las mujeres nunca es perfecta si no se unen con los hombres. Y, como dice el poeta, un acorde no ser? jam?s armonioso como no re?nan cuatro instrumentos: el arpa, el la?d, la c?tara y la flauta. Vosotras, ?oh se?oras m?as! s?lo sois tres, y os falta el cuarto instrumento: la flauta. ?Yo ser? la flauta y me conducir? como hombre prudente, lleno de sagacidad e inteligencia, artista h?bil que sabe guardar un secreto!"
Y las j?venes le dijeron: "?Oh mandadero! ?no sabes t? que somos v?rgenes? Por eso tenemos miedo de fiarnos de algo. Porque hemos le?do lo que dicen los poetas:

"Desconf?a de toda confidencia, pues un secreto revelado es secreto perdido? .

Pero el mandadero exclam?: "?Juro por vuestra vida, ?oh se?oras m?as! que yo soy un hombre prudente, seguro y leal! He le?do libros y he estudiado cr?nicas. S?lo cuento cosas agradables, call?ndome cuidadosamente las cosas tristes. Obro en toda ocasi?n seg?n dice el poeta:

?S?lo el hombre bien dotado sabe callar el secreto! ?S?lo los mejores entre los hombres saben cumplir sus promesas!

?Yo encierro los secretos en una casa de s?lidos candados, donde la llave se ha perdido y la puerta est? sellada!"

Y escuchando los versos del mandadero, muchas otras estrofas que recit? y sus improvisaciones rimadas, las tres j?venes se tranquilizaron; pero para no ceder en seguida, le dijeron: "Sabe, ?oh mandadero! que en este palacio hemos gastado el dinero en enormes cantidades. ?Llevas t? encima con qu? indemnizarnos? S?lo te podremos invitar con la condici?n de que gastes mucho oro. ?Acaso no es tu deseo permanecer con nosotras, acompa?arnos a beber, y singularmente hacernos velar toda la noche, hasta que la aurora ba?e nuestros rostros?" Y la mayor de las doncellas a?adi?: "Amor sin dinero no puede servir de buen contrapeso en el platillo de la balanza". Y la que hab?a abierto la puerta dijo: "Si no tienes nada, vete sin nada". Pero en aquel momento intervino la proveedora, y dijo: "?Oh hermanas m?as! Dejemos eso, ?por Alah!, pues este muchacho en nada ha de amenguarnos el d?a. Adem?s, cualquier otro hombre no habr?a tenido con nosotras tanto comedimiento. Y cuanto le toque pagar a ?l, yo lo abonar? en su lugar".
Entonces el mandadero se regocij? en extremo, y dijo a la que le hab?a defendido: "?Por Alah! A ti te debo la primera ganancia del d?a". Y dijeron las tres: "Qu?date, ?oh buen mandadero! y te tendremos sobre nuestras cabezas y nuestros ojos". Y en seguida la proveedora se levant? y se ajust? el cintur?n. Luego dispuso los frascos, clasific? el vino por decantaci?n, prepar? el lugar en que hab?an de reunirse cerca del estanque, y llev? all? cuanto pod?an necesitar. Despu?s ofreci? el vino y todo el mundo se sent?, y el mandadero en medio de ellas, en el v?rtigo, pues se figuraba estar so?ando.
Y he aqu? que la proveedora ofreci? la vasija del vino y llenaronla copa y la bebieron, y as? por segunda y por tercera vez. Despu?s la proveedora la llen? de nuevo y la present? a sus hermanas, y luego al mandadero. Y el mandadero, extasiado, improvis? esta composici?n rimada:

?Bebe este vino! ?El es la causa de toda nuestra alegr?a! ?El da al que lo bebe fuerzas y salud! ?El es el ?nico remedio que cura todos los males!

?Nadie bebe el vino, origen de toda alegr?a, sin sentir las emociones m?s gratas! ?La embriaguez es lo ?nico que puede saturarnos de voluptuosidad!

Despu?s bes? las manos de las tres doncellas, y vaci? la copa. En seguida, aproxim?ndose a la mayor, dijo: "?Oh se?ora m?a! Soy tu esclavo, tu cosa y tu propiedad!" Y recit? estas estrofas. en honor suyo:

?A tu puerta espera de pie un esclavo de tus ojos, acaso el m?s humilde de tus esclavos!

?Pero conoce a su due?a! ?El sabe cu?nta es su generosidad y sus beneficios! ?Y sobre todo, sabe c?mo se lo ha de agradecer!

Entonces ella le dijo, ofreci?ndole la copa: "Bebe, ?oh amigo m?o! y que la bebida te aproveche y la digieras bien. Que ella te d? fuerzas para el camino de la verdadera salud".
Y el mandadero cogi? la copa, bes? la mano a la joven, y con una voz dulce y modulada 'cant? quedamente estos versos:
?Yo ofrezco a mi amiga (1) un vino resplandeciente como sus mejillas, mejillas tan luminosas, que s?lo la caridad de una llama podr?a compararse con su espl?ndida vida!

(1) En el texto original "mi amigo". Los poetas ?rabes, por eufemismo, usan casi siempre el g?nero masculino al hablar de sus amadas. (2)En ?rabe, se emplea la palabra alma, queriendo decir ?uno mismo?, ?una misma?, etc
Ella se digna aceptarlo, pero me dice muy risue?a: "?C?mo quieres que beba mis propias mejillas?"
Y yo le digo: "; Bebe, oh llama de mi coraz?n! ?Este licor son mis l?grimas, su color rojo, mi sangre, y su mezcla en la copa, estoda mi alma!?

Entonces la joven cogi? la copa de manos del mandadero, se la llev? a los labios y despu?s fue a sentarse junto a sus hermanas. Y todos empezaron a cantar, a danzar y a jugar con las flores exquisitas. Y mientras tanto, el mozo las abrazaba y las besaba. Y una le dirig?a chanzas, otra lo atra?a hacia ella, y la otra le golpeaba con las flores. Y siguieron bebiendo, hasta que el vino se les subi? a la cabeza. Cuando el vino rein? por completo, la joven que hab?a abierto la puerta se levant?, se quit? to a a ropa y se qued? desnuda. Y de un salto ech? su alma(2) en el estanque y se puso a jugar con el agua, se llen?
de ella la boca y roci? ruidosamente al mandadero. Esto no le estorbaba para que el agua corriese por todos sus miembros y por entre sus muslos juveniles. Despu?s sali? del estanque, se ech? sobre el pecho del mandadero, y extendi?ndose luego boca arriba, dijo se?alando a la cosa situada entre sus muslos: "?Oh mi querido! ?Sabes c?mo se llama esto?"
Y contest? el mozo: "?Ah ...! ?ah ... ! ordinariamente suele llamarse la casa de la misericordia".
Pero ella exclam?: "?Yu! ?Yu! ?No te da verg?enza tu ignorancia?" Y le cogi? del pescuezo y empez? a darle golpes.
Entonces dijo ?l: "?Basta! ?basta! Se llama la vulva". Y repiti? ella: "Tampoco es as?". Y el mandadero dijo: "Pues tu pedazo de atr?s". Y ella repiti?: "Otra cosa". Y dijo ?l: "Es tu z?ngano". Pero ella, al o?rlo, golpe? al joven con tal fuerza, que le ara?? la piel. Y entonces ?l dijo: "Pues dime c?mo se llama". Y ella contest?: "La albahaca de los puentes". Y exclam? el mozo: "?Ya era hora! ?Alabado sea Alah! y ?l te guarde, ?oh mi albahaca de los puentes!"
Despu?s volvi? a circular la copa y la subcopa. En seguida la segunda joven se desnud? y se meti? en el estanque, e hizo lo mismo que su hermana. Sali? despu?s, se ech? en el regazo del mozo, y
se?alando con el dedo hacia sus muslos y a la cosa situada entre los muslos, pregunt?: "?Cu?l es el nombre de esto, luz de mis ojos?" Y ?l dijo: "Tu grieta". Pero ella exclam?: "?Qu? palabras tan abominables dice este hombre!" Y le abofete? con tal furia, que retembl? toda la sala. Y despu?s dijo ?l: "Entonces ser? la albahaca de los puentes". Pero ella replic?: "No es eso, no es eso". Y volvi? a darle golpes. Entonces pregunt? el mozo: "?Pues cu?l es su nombre?" Y contest? ella: "El s?samo descortezado". Y ?l exclam?: "?Para ti sean, ?oh el m?s descortezado entre los s?samos! las mejores bendiciones!"
Despu?s se levant? la tercera joven, se desnud? y se meti? en el estanque, donde hizo como sus hermanas, y luego se visti?, y fue a tenderse entre las piernas del mandadero, y le dijo, se?alando hacia sus partes delicadas: "Adivina su nombre". Entonces ?l le dijo: "Se llama, esto, se llama lo otro".
Y numerando con los dedos, dec?a: "El estornino mudo, el conejo sin orejas, el polluelo sin voz, el padre de la blancura, la fuente de las gracias". Y por fin, en vista de sus protestas, acab? preguntando, para que no le pegara m?s: "?Pues cu?l es su nombre?"
Y ella contest?: "El khan (la posada) de Aby-Mansur".
Entonces el mandadero se levant?, se despoj? de sus vestiduras y se meti? en el agua. ?Y su espalda sobrenadaba majestuosa en la superficie! Se lav? todo el cuerpo como se hab?an lavado las doncellas, y despu?s sali? del ba?o y fue a echarse en el regazo de la m?s joven, apoy? los pies en el regazo de la otra hermana, y se?alando a su virilidad, pregunt? a la mayor de todas: "?Sabes, ?oh soberana m?a! cu?l es su nombre?"
Al o?r estas palabras, las tres se echaron a re?r tan a gusto, que cayeron sobre sus posaderas, y exclamaron: "?Tu zib!" Y ?l dijo: "No es eso, no es eso". Y les di? a cada una un mordisco. Entonces dijeron: "?Tu herramienta!" Y ?l contest?: "Tampoco es eso". Y a cada una les di? un pellizco en un seno. Y ellas, asombradas, replicaron: "S? que es tu herramienta, porque est? ardiente; s? que es tu zib, porque se mueve". Y el mozo segu?a negando, con un movimiento de cabeza, y luego las besaba, las mord?a, las pellizcaba y las abrazaba, y ellas re?an a m?s no poder, hasta que acabaron por decirle: "?C?mo se llama, pues?" Entonces ?l medit? un momento, se mir? entre los muslos, gui?? los ojos, y se?alando a su zib, dijo: "?Oh se?oras m?as! vais a o?r lo que acaba de decirme este ni?o: "Me llaman el macho poderoso y sin castrar, que pace la albahaca de los puentes, se deleita con raciones de s?samo descortezado y se alberga en la posada de Aby-Mansur".
Y se rieron las tres tan descompasadamente al o?rle, que de nuevo doblaron sobre sus partes traseras. Despu?s siguieron bebiendo en la misma copa hasta que comenz? a anochecer.
Las j?venes dijeron al mandadero: "Ahora vuelve la cara y vete, y as? veremos la anchura de tus hombros". Pero el mozo exclam?: "?Por Alah, se?oras m?as! ?M?s f?cil ser?a a mi alma salir del cuerpo, que a m? dejar esta casa! ?Juntemos esta noche con el d?a, y ma?ana podr? cada uno ir en busca de su destino por el camino de Alah!"
Entonces intervino nuevamente la joven proveedora: "Hermanas, por vuestra vida, invit?mosle a pasar la noche con nosotras y nos reiremos mucho con ?l, porque es una mala persona sin pudor, y adem?s muy gracioso". Y dijeron entonces al mandadero: "Puedes pasar aqu? la noche con la condici?n de estar bajo nuestro dominio y no pedir ninguna explicaci?n sobre lo que veas ni sobre cuanto ocurra". Y ?l respondi?: "As? sea, ?oh se?oras m?as!" Y ellas a?adieron: "Lev?ntate y lee lo que est? escrito encima de las puertas". Y ?l se levant?, y encima de la puerta vi? las siguientes palabras, escritas con letras de oro:
.
No hables nunca de lo que no te importe si no oir?s cosas que no te gusten.

Y el mandadero dijo: "?Oh se?oras m?as! os pongo por testigo de que no he de hablar de lo que no me importe".
En este momento de su narraci?n, Schehrazada vio aparecer la ma?ana, y se call? discretamente.




PERO CUANDO LLEGO LA 10? NOCHE



Doniazada dijo:
"?Oh hermana m?a! acaba la relaci?n".
Y Schehrazada contest?: "Con mucho agrado, y como un deber de generosidad". Y prosigui?: He llegado a saber, ?oh rey poderoso! que cuando el mandadero hizo su promesa a las j?venes, se levant? la proveedora, coloc? los manjares delante de los comensales, y todos comieron muy regaladamente. Despu?s de esto encendieron las velas, quemaron maderas olorosas e incienso, y volvieron a beber y comer todas las golosinas compradas en el zoco, sobre todo el mandadero, que al mismo tiempo dec?a versos, cerrando los ojos mientras recitaba y moviendo la cabeza. Y de pronto se oyeron fuertes golpes en la puerta, lo que no les perturb? en sus placeres, pero al fin la menor de las j?venes se levant?, fu? a la puerta, y luego volvi? y dijo: "Bien llena va a estar nuestra mesa esta noche, pues acabo de encontrar junto a la puerta a tres ahjam (1) con las barbas afeitadas y tuertos del ojo izquierdo. Es una coincidencia asombrosa. He visto inmediatamente que eran extranjeros, y deben venir del pa?s de los Rum. Cada uno es diferente, pero los tres son tan rid?culos de fisonom?a, que hacen re?r. Si los hici?semos entrar nos divertir?amos con ellos". Y sus hermanas aceptaron. "Diles que pueden entrar, pero ent?rales de que no deben hablar de lo que no les importe, si no quieren o?r cosas desagradables". Y la joven corri? a la puerta, muy alegre, y volvi? trayendo a los tres tuertos. Llevaban las mejillas afeitadas, con unos bigotes retorcidos y tiesos, y todo indicaba que pertenec?an a la cofrad?a de mendicantes llamados saalik.(2)
Apenas entraron, desearon la paz a la concurrencia, y las j?venes se quedaron de pie y los invitaron a sentarse. Una vez sentados, los saalik miraron al mandadero, y suponiendo que pertenec?a a su cofrad?a, dijeron: "Es un saaluk como nosotros, y podr? hacernos amistosa compa??a". Pero el mozo, que los hab?a o?do, se levant? de s?bito, los mir? airadamente, y exclam?: "Dejadme en paz, que para nada necesito vuestro afecto. Y empezad por cumplir lo que ver?is encima de esa puerta". Las doncellas estallaron de risa al o?r estas palabras, y se dec?an: "Vamos a divertirnos con este mozo y los saalik".



(1) Plural de ajami, palabra con que se designa a todos los pueblos que hablan lenguas distintas del ?rabe, y especialmente a los persas y a todos cuantos hablan mal el ?rabe. Pero generalmente s?lo se aplica a los persas.
(2) Los persas los llaman kalendars o calendos. Saalik es el plural de saaluk.
Despu?s ofrecieron manjares a los saalik, que los comieron muy gustosamente. Y la m?s joven les ofreci? de beber, y los saalik bebieron uno tras otro. Y cuando la copa estuvo en circulaci?n, dijo el mandadero: "Hermanos nuestros, ?llev?is en el saco alguna historia o alguna maravillosa aventura con qu? divertirnos?"
Estas palabras los estimularon, y pidieron que les trajesen instrumentos. Y entonces la m?s joven les trajo inmediatamente un pandero de Mussul adornado con cascabeles, un la?d de Irak y una flauta de Persia. Y los tres saalik se pusieron de pie, y uno cogi? el pandero, otro el la?d y el tercero la flauta. Y los tres empezaron a tocar, y las doncellas los acompa?aban con sus cantos. Y el
mandadero se mor?a de gusto, admirando la hermosa voz de aquellas mujeres.
En este momento, volvieron a llamar a la puerta. Y como de costumbre, acudi? a abrir la m?s joven de las tres doncellas.
Y he aqu? el motivo de que hubiesen llamado:
Aquella noche, el califa Har?n-Al-Raschid hab?a salido a recorrer la ciudad, para ver y escuchar por s? mismo cuanto ocurriese. Le acompa?aba su visir Giafar-Al-Barmaki (1) y el portaalfanje Masurur, ejecutor de sus justicias. El califa en estos casos acostumbraba disfrazarse de mercader.
Y paseando por las calles hab?a llegado frente a aquella casa y hab?a o?do los instrumentos y los ecos de la fiesta. Y el califa dijo al visir Giafar: "Quiero que entremos en esta casa para saber qu? son esas voces".
Y el visir Giafar replic?: "Acaso sea un hatajo de borrachos, y convendr?a precavernos por si nos hiciesen alguna mala partida". Pero el califa dijo: "Es mi voluntad entrar ah?. Quiero que busques la forma de entrar y sorprenderlos". Al o?r esta orden, el visir contest?: "Escucho y obedezco". Y Giafar avanz? y llam? a la puerta. Y al momento fu? a abrir la m?s joven de las tres hermanas.
Cuando la joven hubo abierto la puerta, el visir le dijo: "?Oh se?ora m?a! somos mercaderes de Tabaria (Tiber?ades) Hace diez d?as llegamos a Bagdad con nuestros g?neros, y habitamos en el khan de los mercaderes. Uno de los comerciantes del khan nos ha convidado a su casa y nos ha dado de comer. Despu?s de la comida, que ha durado una hora, nos ha dejado en libertad de marcharnos. Hemos salido, pero ya era de noche, y como somos extranjeros, hemos perdido el camino del khan y ahora nos dirigimos fervorosamente a vuestra generosidad para que nos permit?is entrar y pasar la noche aqu?. Y ?Alah os tendr? en cuenta esta buena obra!"
Entonces la joven los mir?, le pareci? que en efecto ten?an maneras de mercaderes y un aspecto muy respetable, por lo cual fu? a buscar a sus dos hermanas para pedirles parecer. Y ellas le dijeron: "D?jales entrar". Entonces fu? a abrirles la puerta, y le preguntaron: "?Podemos entrar, con vuestro permiso?" Y ella contest?: "Entrad". Y entraron el califa, el visir y el portaalfanje, y al verlos las j?venes se pusieron de pie y les dijeron: "?Sed bien venidos, y que la acogida en esta casa os sea tan amplia como amistosa! Sentaos, ?oh hu?spedes nuestros! S?lo tenemos que imponeros una condici?n: "No habl?is de lo que no os importa, si no quer?is o?r cosas que no os gusten".
Y ellos respondieron: "Ciertamente que s?". Y se sentaron, y fueron invitados a beber y a que circulase entre ellos la copa. Despu?s el califa mir? a los tres saalik, y se asombr? mucho al ver que los tres estaban tuertos del ojo izquierdo. Y mir? en seguida a las j?venes, y al advertir su hermosura y su gracia, qued? a?n m?s perplejo. Las doncellas siguieron conversando con los convidados, invit?ndoles a beber con ellas, y luego presentaron un vino exquisito al califa, pero ?ste lo rechaz?, diciendo: "Soy un buen hadj".(2)
Entonces la m?s joven se levant? y coloc? delante de ?l una mesita con incrustaciones finas, encima de la cual puso una taza de porcelana de China, y ech? en ella agua de la fuente, que enfri? con un pedazo de hielo, y lo mezcl? todo con az?car y agua de rosas, y despu?s se lo present? al califa. Y ?l acept?, y le di? las gracias, diciendo para s?: "Ma?ana tengo que recompensarla por su acci?n y por todo el bien que hace".
Las doncellas siguieron cumpliendo sus deberes de hospitalidad y sirviendo de beber. Pero cuando el vino produjo sus efectos, la mayor de las tres hermanas se levant?, cogi? de la mano a la
proveedora, y le dijo: ?"Oh hermana m?a! lev?ntate y cumplamos nuestro deber". Y su hermana le contest?: "Me tienes a tus ?rdenes".
Entonces la m?s peque?a se levant? tambi?n, y dijo a los saalik que se apartaran del centro de la sala y que fuesen a colocarse junto a las puertas. Quit? cuanto hab?a en medio del sal?n y lo limpi?.


(1) el Barmakida o el Barmecida (2) Hadj, peregrino de Ia Meca
Las otras dos hermanas llamaron al mandadero, y le dijeron: "?Por Alah! ?Cu?n poco nos ayudas! Cuenta que no eres un extra?o, sino de la casa". Y entonces el mozo se levant?, se remang? la t?nica, y apret?ndose el cintur?n, dijo: "Mandad y obedecer?". Y ellas contestaron: "Aguarda en tu sitio". Y a los pocos momentos le dijo la proveedora: "S?gueme, que podr?s ayudarme".
Y la sigui? fuera de la sala, y vi? dos perras de la especie de las perras negras, que llevaban cadenas al cuello. El mandadero las cogi? y las llev? al centro de la sala. Entonces la mayor de las hermanas se remang? el brazo, cogi? un l?tigo, y dijo al mozo: "Trae aqu? una de esas perras".
Y el mandadero, tirando de la cadena del animal, le oblig? a acercarse, y la perra se ech? a llorar y levant? la cabeza hacia la joven. Pero ?sta, sin cuidarse de ello, la tumb? a sus pies, y empez? a darle latigazos en la cabeza, y la perra chillaba y lloraba, y la joven no la dej? de azotar hasta que se le cans? el brazo. Entonces tir? el l?tigo, cogi? a la perra en brazos, la estrech? contra su pecho, le sec? las l?grimas y la bes? en la cabeza, que la ten?a cogida entre sus manos. Despu?s dijo al mandadero: "Ll?vatela, y tr?eme la otra". Y el mandadero trajo la otra, y la joven la trat? lo mismo que a la primera.
Entonces el califa sinti? que sus ojos se llenaban de l?stima y que el pecho se le oprim?a de tristeza, y gui?? el ojo al visir Giafar para que interrogase sobre aquello a la joven, pero el visir le respondi? por se?as que lo mejor era callarse.
En seguida la mayor de las doncellas se dirigi? a sus hermanas, y les dijo: "Hagamos lo que es nuestra costumbre". Y las otras contestaron: "Obedecemos". Y entonces se subi? al lecho, chapeado de plata y de oro, y dijo a las otras dos: "Veamos ahora lo que sab?is".
Y la m?s peque?a se subi? al lecho, mientras que la otra se march? a sus habitaciones y volvi? trayendo una bolsa de raso con flecos de seda verde; se detuvo delante de las j?venes, abri? la bolsa y extrajo de ella un la?d. Despu?s se lo entreg? a su hermana peque?a, que lo templ?, y se puso a ta?erlo, cantando estas estrofas con una voz sollozante y conmovida:

?Por piedad ?Devolved a mis p?rpados el sue?o que de ellos ha hu?do! ?Decidme donde ha ido a parar mi raz?n!

?Guando permit? que el amor penetrase en mi morada se enoj? conmigo el sue?o y me abandon?!

Y me preguntaban: "?Qu? has hecho para verte as?, t? que eres de los que recorren el camino recto y seguro? ?Dinos qui?n te ha extraviado de ese modo!"

Y les dije: "?No ser? yo, sino ella quien os responda! ?Yo s?lo puedo deciros que mi sangre, toda mi sangre, le pertenece! ?Y siempre he de preferir verterla por ella a conservarla torpemente en m?!

"?He elegido una mujer para poner en ella mis pensamientos, mis pensamientos que reflejan su imagen! ?Si expulsara esa imagen, se consumir?an mis entra?as con un fuego devorador!

"?Si la vi?rais, me disculpar?ais! ?Porque el mismo Alah cincel? esa joya con el licor de la vida; y con lo que qued? de ese licor fabric? la granada y las perlas!"

Y me dicen: "?Pero encuentras en el objeto amado otra cosa que l?grimas, penas y escasos placeres?

"?No sabes que al mirarte en el agua l?mpida s?lo ver?s tu sombra? ?Bebes de un manantial cuya agua sacia antes de ser saboreada!"

Y yo contesto: "?No cre?is que bebiendo se ha apoderado de m? la embriaguez, sino s?lo mirando! ?No fu? preciso m?s; esto bast? para que el sue?o huyera por siempre de mis ojos!

"?Y no son las cosas pasadas las que me consumen, sino solamente el pasado de ella! ?No son las cosas amadas de que me separ? las que me han puesto en este estado, sino solamente la separaci?n de ella!

"?Podr?a volver mis miradas hacia otra, cuando toda mi alma est? unida a su cuerpo perfumado, a sus aromas de ?mbar y almizcle?"

Cuando acab? de cantar, su hermana le dijo: "?Ojal? te consuele Alah, hermana m?a!" Pero tal aflicci?n se apoder? de la joven portera, que se desgarr? las vestiduras, y cay? desmayada en el suelo.
Pero al caer, como una parte de su cuerpo qued? descubierta, el califa vi? en ?l huellas de latigazos y varazos, y se asombr? hasta el l?mite del asombro. La proveedora roci? la cara de su hermana, y luego que recobr? el sentido, le trajo un vestido nuevo y se lo puso.
Entonces el califa dijo a Giafar: "?No te conmueven estas cosas? ?,No has visto se?ales de golpes en el cuerpo de esa mujer? Yo no puedo callarme, y no descansar? hasta descubrir la verdad de todo esto, y sobre todo, esa aventura de las dos perras". Y el visir contest?: "?Oh mi se?or, corona de mi cabeza!, recuerda la condici?n que nos impusieron: No hables de lo que no te importe, si no quieres o?r cosas que no te gusten".
Y mientras tanto, la proveedora se levant?, cogi? el la?d, lo apoy? en su redondo seno, y se puso a cantar:

?Qu? responder?amos si vinieran a darnos quejas de amor? ?Qu? har?amos si el amor nos da?ara?

?Si confi?ramos a un int?rprete que respondiese en nuestro nombre, este int?rprete no sabr?a traducir todas las quejas de un coraz?n enamorado!

?Y si sufrimos con paciencia y en silencio la ausencia del amado, pronto nos pondr? el dolor a las puertas de la muerte!

?Oh dolor! ?Para nosotros s?lo hay penas y duelo: las l?grimas resbalan por las mejillas!

Y t?, querido ausente, que has hu?do de las miradas de mis ojos cortando los lazos que te un?an a mis entra?as.

Di, ?conservas alg?n recuerdo de nuestro amor pasado, una huella peque?a que dure a pesar del tiempo?

?O has olvidado, con la ausencia, el amor que agot? mi esp?ritu y me puso en tal estado de aniquilamiento y postraci?n?

?Si mi sino es vivir desterrada, alg?n d?a pedir? cuentas de estos sufrimientos a Alah, nuestro Se?or!

Al o?r este canto tan triste, la mayor de las doncellas se desgarr? las vestiduras, y cay? desmayada. Y la proveedora se levant? y le puso un vestido nuevo, despu?s de haber cuidado de rociarle la cara con agua para que volviese de su desmayo. Entonces, algo repuesta, se sent? la joven en el lecho, y dijo a su hermana: "Te ruego que cantes m?s para que podamos pagar nuestras deudas. ?Aunque s?lo sea una vez!" Y la proveedora templ? de nuevo el la?d y cant? las siguientes estrofas:

?Hasta cuando durar?n esta separaci?n y este abandono tan cruel? ?No sabes que a mis ojos ya no les quedan l?grimas? .

?Me abandonas! ?Pero no crees que rompes as? la antigua amistad? ?Oh! ?si tu objeto era despertar mis celos, lo has logrado!

?Si el maldito Destino siempre ayudase a los hombres amorosos, las pobres mujeres no tendr?an tiempo para dirigir reconvenciones a los amantes infieles!

?A qui?n me quejar? para desahogar un poco mis desdichas, las desdichas causadas por tu mano, asesino de mi coraz?n.. .? ?Ay de m?! ?Qu? recurso le queda al que perdi? la garant?a
de su cr?dito? ?C?mo cobrar la deuda?

?Y la tristeza de mi coraz?n dolorido crece con la locura de mi deseo hacia ti! ?Te busco! ?Tengo tus promesas! Pero t?, ?d?nde est?s?

?Oh hermanos! ?os lego la obligaci?n de vengarme del infiel! ?Que sufra padecimientos como los m?os! ?Que apenas vaya a cerrar los ojos para el sue?o, se los abra en seguida el insomnio largamente!

?Por tu amor he sufrido las peores humillaciones! ?Deseo, pues, que otro en mi lugar goce las mayores satisfacciones a costa tuya!

?Hasta hoy me ha tocado padecer por su amor! ?Pero a ?l, que de m? se burla, le tocar? sufrir ma?ana!

Al o?r esto cay? desmayada otra vez la m?s joven de las hermanas, y su cuerpo apareci? se?alado por el l?tigo.
Entonces dijeron los tres saalik: "M?s nos habr?a valido no entrar en esta casa, aunque hubi?ramos pasado la noche sobre un mont?n de escombros, porque este espect?culo nos apena de tal modo, que acabar? por destruirnos la espina dorsal". Entonces el califa, volvi?ndose hacia ellos, les dijo: "?Y por qu? es eso?" Y contestaron: "Porque nos ha emocionado mucho lo que acaba de ocurrir". Y el califa les pregunt?: "?De modo, que no sois de casa?" Y contestaron: "Nada de eso. El que parece serlo es ese que est? a tu lado". Entonces exclam? el mandadero: "?Por ?lah! Esta noche he entrado en esta casa por primera vez, y mejor habr?a sido dormir sobre un mont?n de piedras".
Entonces dijeron: "Somos siete hombres, y ellas s?lo son tres mujeres. Preguntemos la explicaci?n de lo ocurrido, y si no quieren contestarnos de grado, que lo hagan a la fuerza". Y todos se concertaron para obrar de ese modo, menos el visir, que les dijo: "?Cre?is que vuestro prop?sito es justo y honrado? Pensad que somos sus hu?spedes, nos han impuesto condiciones y debemos cumplirlas. Adem?s, he aqu? que se acaba la noche, y pronto ir? cada uno a buscar su suerte por el camino de Alah". Despu?s gui?? el ojo al califa, y llev?ndole aparte, le dijo: "S?lo nos queda que permanecer aqu? una hora. Te prometo que ma?ana pondr? entre tus manos a estas j?venes, y entonces les podr?s preguntar su historia".
Pero el califa rehus? y dijo: "No tengo paciencia para aguardar a ma?ana". Y siguieron hablando todos, hasta que acabaron por preguntarse: "?Cu?l de nosotros les dirigir? la pregunta?" Y algunos opinaran que eso le correspond?a al mandadero.
A todo esto, las j?venes les preguntaron: "?De qu? habl?is, buena gente?" Entonces el mandadero se levant?, se puso delante de la mayor de las tres hermanas, y le dijo: "?Oh soberana m?a! En nombre de Alah te pido y te conjuro, de parte de todos los convidados, que nos cuentes la historia de esas dos perras negras, y por qu? las has castigado tanto, para llorar despu?s y besarlas. Y dinos tambi?n, para que nos enteremos, la causa de esas huellas de latigazos que se ven en el cuerpo de tu hermana. Tal es nuestra petici?n. Y ahora, ?que la paz sea contigo!"
Entonces la joven les pregunt? a todos: "?Es cierto lo que dice este mandadero en vuestro nombre?" Y todos, excepto el visir, contestaron: "Cierto es". Y el visir no dijo ni una palabra.
Entonces la joven, al o?r su respuesta, les dijo: "?Por Alah, hu?spedes m?os! Acab?is de ofendernos de la peor manera. Ya se os advirti? oportunamente que si alguien hablaba de lo que no le importase, oir?a lo que no le hab?a de gustar. ?No os ha bastado entrar en esta casa y comeros nuestras provisiones? Pero no ten?is vosotros la culpa, sino nuestra hermana, por haberos tra?do".
Y dicho esto, se remang? el brazo, di? tres veces con el pie en el suelo, y grit?: "?Hola! ?Venid en seguida!" E inmediatamente se abri? uno de los roperos cubiertos por cortinajes, y aparecieron siete negros, altos y robustos, que bland?an agudos alfanjes. Y la due?a les dijo: "Atad los brazos a esa gente de lengua larga, y amarradlos unos a otros". Y ejecutada la orden, dijeron los negros: "?Oh se?ora nuestra! ?Oh flor oculta a las miradas de los hombres! ?nos permites que les cortemos la cabeza?" Y ella contest?: "Aguardad una hora, que antes de degollarlos los he de interrogar para saber qui?nes son".
Entonces exclam? el mandadero: "?Por Alah, oh se?ora m?a!, no me mates por el crimen de estos hombres. Todos han faltado y todos han cometido un acto criminal, pero yo no. ?Por Alah! ?Qu? noche tan dichosa y tan agradable habr?amos pasado, si no hubi?semos visto a estos malditos saalik! Porque estos saalik de mal ag?ero son capaces de destruir la m?s floreciente de las ciudades s?lo con entrar en ella".
?Qu? hermoso es el perd?n del fuerte! ?Y sobre todo, qu? hermoso cuando se otorga al indefenso!

?Yo te conjuro por la inviolable amistad que existe entre los dos; no mates al inocente por causa del culpable!

Cuando el mandadero acab? de recitar, la joven se ech? a re?r. En este momento de su narraci?n, Schehrazada vi? aproximarse la ma?ana y se call? discretamente.


PERO CUANDO LLEGO LA 11? NOCHE

Ella dijo:
He llegado a saber, ?oh rey afortunado! que cuando la joven se ech? a re?r, despu?s de haberse indignado, se acerc? a los concurrentes, y dijo: "Contadme cuanto teng?is que contar, pues s?lo os queda una hora de vida. Y si tengo tanta paciencia, es porque sois gente humilde, que si fu?seis de los notables, o de los grandes de vuestra tribu, o si fueseis de los que gobiernan, ya os habr?a castigado".
Entonces el califa dijo al visir: "?Desdichados de nosotros, oh Giafar! Rev?lale qui?nes somos, si no, va a matarnos". Y el visir contest?: "Bien merecido nos est?". Pero el califa dijo: "No es ocasi?n oportuna para bromas; el caso es muy serio, y cada cosa en su tiempo".
Entonces la joven se acerc? a los saalik, y les dijo: "?Sois hermanos?" Y contestaron ellos: "?No, por Alah! Somos los m?s pobres de los pobres, y vivimos de nuestro oficio, haciendo escarificaciones y poniendo ventosas". Entonces fu? preguntando a cada uno: "?Naciste tuerto, tal como ahora est?s?" Y el primero de ellos contest?: "?No, por Alah! Pero la historia de mi desgracia es tan asombrosa, que si escribiera con una aguja en el ?ngulo interior de un ojo, ser?a una lecci?n para quien la leyera con respeto". Y los otros dos contestaron lo mismo, y luego dijeron los tres: "Cada uno de nosotros es de un pa?s distinto, pero nuestras historias no pueden ser m?s maravillosas, ni nuestras aventuras m?s prodigiosamente extra?as".
Entonces dijo la joven: "Que cada cual cuente su historia, y despu?s se lleve la mano a la frente para darnos las gracias, y se vaya en busca de su destino". El mandadero fue el primero que se adelant?, y dijo: "?Oh se?ora m?a! Yo soy sencillamente un mandadero, y nada m?s. Vuestra hermana me hizo cargar con muchas cosas y venir aqu?. Me ha ocurrido con vosotras lo que sab?is muy bien, y no he de repetirlo ahora, por razones que se os alcanzan. Y tal es toda mi historia. Y nada podr? a?adir a ella, sino que os deseo la paz".
Entonces la joven le dijo: "?Vaya! ll?vate la mano a la cabeza, para ver si est? todav?a en su sitio, arr?glate el pelo, y m?rchate". Pero replic? el mozo: "?Oh! No; ?por Alah! No me he de ir hasta que oiga el relato de mis compa?eros".
Entonces el primer saaluk entre los saalik, avanz? para contar su historia, y dijo:

Tags: Cuentos

Publicado por raulsvl @ 16:06
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Jueves, 10 de abril de 2008 | 11:53
FumadorRebotadoGui?oFlashIdeaRollEyesIdea
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Viernes, 20 de marzo de 2009 | 3:51
ChicaSonrojadoChicaPayasoPayasoSonrisa GiganteRebotadomu?eco de nievemu?eco de nievemu?eco de nieveArdiendoAvergonzado
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Jueves, 28 de mayo de 2009 | 17:15
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S?bado, 06 de marzo de 2010 | 6:16
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