Viernes, 07 de diciembre de 2007
Voy a contarte, ?oh mi se?ora! el motivo de que me afeitara las barbas y de haber perdido un ojo.
Sabe, pues, que mi padre era rey. Ten?a un hermano, y ese hermano era rey en otra ciudad. Y ocurri? la coincidencia de que el mismo d?a que mi madre me pari? naci? tambi?n mi primo.
Despu?s pasaron los a?os, y despu?s de los a?os y los d?as, mi primo y yo crecimos. He de decirte que, con intervalos de algunos a?os, iba a visitar a mi t?o y a pasar con ?l algunos meses. La ?ltima vez que le visit? me dispens? mi primo una acogida de las m?s amplias y m?s generosas, y mand? degollar varios carneros en mi honor, y clarificar numerosos vinos. Luego empezamos a beber, hasta que el vino pudo m?s que nosotros. Entonces mi primo me dijo: "?Oh primo m?o! Ya sabes que te quiero extremadamente, y te he de pedir una cosa importante. No quisiera que me la negases ni que me impidieses hacer lo que he resuelto". Y yo le contest?: "As? sea, con toda la simpat?a y generosidad de mi coraz?n". Y para fiar m?s en m?, me hizo prestar el m?s sagrado de los juramentos, haci?ndome jurar sobre el Libro Noble. Y en seguida se levant?, se ausent? unos instantes, y despu?s volvi? con una mujer ricamente vestida y perfumada, con un atav?o tan fastuoso, que supon?a una gran riqueza. Y volvi?ndose hacia m?, con la mujer detr?s de ?l, me dijo: "Toma esta mujer y acomp??ala al sitio que voy a indicarte". Y me se?al? el sitio, explic?ndolo tan detalladamente que lo comprend? muy bien. Luego a?adi?: "All? encontrar?s una tumba entre las otras tumbas, y en ella me aguardar?s". Yo no me pude negar a ello, porque hab?a jurado con la mano derecha. Y cog? a la mujer, y marchamos al sitio que me hab?a indicado, y nos sentamos all? para esperar a mi primo, que no tard? en presentarse, llevando una vasija llena de agua, un saco con yeso y una piqueta. Y lo dej? todo en el suelo, conservando en la mano nada m?s que la piqueta, y march? hacia la tumba, quit? una por una las piedras y las puso aparte. Despu?s cav? con la piqueta hasta descubrir una gran losa. La levant?, y apareci? una escalera abovedada. Se volvi? entonces hacia la mujer, y le dijo: "Ahora puedes elegir". Y la mujer baj? en seguida la escalera y desapareci?. Entonces ?l se volvi? hacia m?, y me dijo: "?Oh primo m?o! te ruego que acabes de completar este favor, y que, cuando haya bajado, eches la losa y la cubras con tierra, como estaba. Y as? completar?s este favor que me has hecho. En cuanto alyeso que hay en el saco y en cuanto al agua de la vasija, los mezclar?s bien, y despu?s pondr?s las piedras como antes, y con la mezcla llenar?s las juntas de modo que nadie pueda adivinar que es obra reciente. Porque hace un a?o que estoy haciendo este trabajo, y s?lo Alah lo sabe". Y luego a?adi?: "Y ahora ruega a Alah que no me abrume de tristeza por estar lejos de ti, primo m?o". En seguida baj? la escalera, y desapareci? en la tumba. Cuando hubo desaparecido de mi vista, me levant?, volv? a poner la losa, e hice todo lo dem?s que me hab?a mandado, de modo que la tumba qued? como antes estaba.
Regres? al palacio, pero mi t?o se hab?a ido de caza, y entonces decid? acostarme aquella noche. Despu?s, cuando vino la ma?ana, comenc? a reflexionar sobre todas las cosas de la noche anterior y singularmente sobre lo que me hab?a ocurrido con mi primo, y me arrepent? de cuanto hab?a hecho. ?Pero con el arrepentimiento no remediaba nada! Entonces volv? hacia las tumbas y busqu?, sin poder encontrarla, aquella en que se hab?a encerrado mi primo. Y segu? buscando hasta cerca del anochecer, sin hallar ning?n rastro. Regres? entonces al palacio y no pod?a beber, ni comer, ni apartar el recuerdo de lo que me hab?a ocurrido con mi primo, sin poder descubrir qu? era de ?l. Y me aflig? con una aflicci?n tan considerable, que toda la noche la pas? muy apenado hasta la ma?ana. March? en seguida otra vez al cementerio, y volv? a buscar la tumba entre todas las dem?s, pero sin ning?n resultado. Y continu? mis pesquisas durante siete d?as m?s, sin encontrar el verdadero camino. Por lo cual aumentaron de tal modo mis temores, que cre? volverme loco.
Decid? viajar, en busca de remedio para mi aflicci?n, y regres? al pa?s de mi padre. Pero al llegar a las puertas de la ciudad sali? un grupo de hombres, se echaron sobre m? y me ataron los brazos. Entonces me qued? completamente asombrado, puesto que yo era el hijo del sult?n y aqu?llos los servidores de mi padre y tambi?n mis esclavos. Y me entr? un miedo muy grande, y pensaba: "?Qui?n sabe lo que le habr? podido ocurrir a mi padre?" Y pregunt? a los que me hab?an atado los brazos, y no quisieron contestarme. Pero poco despu?s, uno de ellos, esclavo m?o, me dijo: "La suerte no se ha mostrado propicia con tu padre. Los soldados le han hecho traici?n y el visir lo ha mandado matar. Nosotros est?bamos emboscados, aguardando que cayeses en nuestras manos".
Luego me condujeron a viva fuerza. Yo no sab?a lo que me pasaba, pues la muerte de mi padre me hab?a llenado de dolor. Y me entregaron entre las manos del visir que hab?a matado a mi padre. Pero entre este visir y yo, exist?a un odio muy antiguo. Y la causa de este odio consist?a en que yo, de joven, fui muy aficionado al tiro de ballesta, y ocurri? la desgracia de que un d?a entre los d?as me hallaba en la azotea del palacio de mi padre, cuando un gran p?jaro descendi? sobre la azotea del palacio del visir, el cual estaba en ella. Quise matar al p?jaro con la ballesta, pero la ballesta err? al p?jaro, hiri? en un ojo al visir y se lo hundi?, por voluntad y juicio escrito de Alah.
Ya lo dijo el poeta:

?Deja que se cumplan los destinos; no quieras desviar el fallo de los jueces de la tierra!

?No sientas alegr?a ni aflicci?n por ninguna cosa, pues las cosas no son eternas!

?Se ha cumplido nuestro destino; hemos seguido con toda fidelidad los renglones escritos por la Suerte; porque aquel para quien la Suerte escribi? un rengl?n, no tiene m?s remedio
que seguirlo!

Y el saaluk prosigui? de este modo:
Cuando dej? tuerto al visir, no se atrevi? a reclamar en contra m?a, porque mi padre era el rey del pa?s. Pero ?sta era la causa de su odio.
Y cuando me presentaron a ?l, con los brazos atados, dispuso que me cortaran la cabeza. Entonces le dije: "?Por qu? me matas si no he cometido ning?n crimen?" Y contest?: "?Qu? mayor crimen que ?ste?" Y se?alaba su ojo tuerto. Y yo dije: "Eso lo hice contra mi voluntad". Pero ?l replic?: "Si lo hiciste contra tu voluntad, yo voy a hacerlo contra la m?a". Y dispuso: "?Traedlo a mis manos!" Y me llevaron entre sus manos.
Entonces extendi? la mano, clav? su dedo en mi ojo izquierdo, y lo hundi? completamente.
?Y desde entonces estoy tuerto, como todos veis!
Hecho esto orden? que me matasen y me metiesen en un caj?n. Despu?s llam? al verdugo, y le dijo: "Te lo entrego. Desenvaina tu alfanje y lleva a este hombre fuera de la ciudad; lo matas y le dejas all?
para que se lo coman las fieras".
Entonces el verdugo me llev? fuera de la ciudad. Y me sac? de la caja con las manos atadas y los
pies encadenados, y me quiso vendar los ojos antes de matarme. Pero entonces romp? a llorar y recit? estas estrofas:

?Te eleg? como firme coraza para librarme de mis enemigos, y eres la lanza y el agudo hierro con que me atraviesan!?Cuando dispon?a del poder, mi mano derecha, la que deb?a castigar, se absten?a, pasando el arma a mi mano izquierda, que no la sab?a esgrimir! ?As? obraba yo!

?No insist?is, os lo ruego, en vuestros reproches crueles; dejad que s?lo los enemigos me arrojen las flechas dolorosas!

?Conceded a mi pobre alma, torturada por los enemigos, el don del silencio; no la oprim?is m?s con la dureza y el peso de vuestras palabras!

?Confi? en mis amigos para que me sirviesen de s?lidas corazas; y as? lo hicieron, pero en manos de los enemigos y contra m?!?Los eleg? para que me sirviesen de flechas mortales; y lo fueron, pero contra mi coraz?n!

?Cultiv? sus corazones para hacerlos fieles; y fueron fieles, pero a otros amores!

?Los cuid? fervorosamente para que fuesen constantes; y lo fueron, pero en la traici?n!

Cuando el verdugo oy? estos versos, record? que hab?a servido a mi padre y que yo le hab?a colmado de beneficios, y me dijo: "?C?mo iba yo a matarte, si soy tu esclavo?" Y a?adi?: "Esc?pate. ?Te salvo la vida! Pero no vuelvas a esta comarca, porque perecer?as y me har?as perecer contigo, seg?n dice el poeta:

?Anda! ?L?brate, amigo, y salva a tu alma de la tiran?a! ?Deja que las casas sirvan de tumba a quienes las han constru?do!

?Anda! ?Podr?s encontrar otras tierras que las tuyas, otros pa?ses distintos de tu pa?s, pero nunca hallar?s m?s alma que tu alma!

?Sin embargo, est? escrito! ?Est? escrito que el hombre destinado a morir en un pa?s no podr? morir m?s que en el pa?s de su destino! Pero, ?sabes t? cu?l es el pa?s de tu destino...?

?Y sobre todo, no olvides nunca que el cuello del le?n no llega a su desarrollo hasta que su alma se ha desarrollado con toda libertad!

Cuando acab? de recitar estos versos, le bes? las manos, y mientras no me vi lejos de aquellos lugares no pude creer en mi salvaci?n.
Pensando que hab?a salvado la vida, pude consolarme de haber perdido un ojo, y segu? caminando, hasta llegar a la ciudad de mi t?o. Entr? en su palacio y le refer? todo lo que le hab?a ocurrido a mi padre
y todo lo que me hab?a ocurrido a m?. Entonces derram? muchas l?grimas, y exclam?: "?Oh sobrino m?o! vienes a a?adir una aflicci?n a mis aflicciones y un dolor a mis dolores. Porque has de saber que el hijo de tu pobre t?o ha desaparecido hace muchos d?as, y nadie sabe d?nde est?". Y rompi? a llorar tanto, que se desmay?. Cuando volvi? en s?, me dijo: "Estaba afligid?simo por tu primo, y ahora se aumenta
mi dolor con lo ocurrido a ti y a tu padre. En cuanto a ti, ?oh hijo m?o! m?s vale haber perdido un ojo que la vida".
Al o?rle hablar de este modo, no pude callar por m?s tiempo lo que le hab?a ocurrido a mi primo, y le revel? toda la verdad. Mi, t?o, al saberla, se alegr? hasta el l?mite de la alegr?a, y me dijo: "Ll?vame en seguida a esa tumba". Y contest?: ?Por Alah! no s? d?nde est? esa tumba. He ido muchas veces a buscarla, sin poder dar con ella". Entonces nos fuimos al cementerio, y al fin, despu?s de buscar en todos sentidos, acab? por encontrarla. Y yo y mi t?o llegamos al l?mite de la alegr?a y entramos en la b?veda, quitamos la tierra, apartamos la losa y descendimos los cincuenta pelda?os que ten?a la escalera. Al llegar abajo, subi? hacia nosotros una humareda que nos cegaba. Pero en seguida mi t?o pronunci? la Palabra que libra de todo temor a quien la dice, y es ?sta: "?No hay poder ni fuerza m?s que en Alah, el Alt?simo, el Omnipotente!"
Despu?s seguimos andando hasta llegar a un gran sal?n que estaba lleno de harina y de grano de todas las especies, de manjares de todas clases y de otras muchas cosas. Y vimos en medio del sal?n un lecho cubierto por unas cortinas. Mi t?o mir? hacia el interior del lecho, y vi? a su hijo en brazos de aquella mujer que le hab?a acompa?ado; pero ambos estaban totalmente convertidos en carb?n, como si los hubieran echado en un horno.
Al verlos, escupi? mi t?o en la cara a su hijo, y exclam?: "Mereces el suplicio de este bajo mundo que ahora sufres, pero aun te falta el del otro, que es m?s terrible y m?s duradero". Y despu?s de haberle escupido se descalz? una babucha, y con la suela le di? en la cara.

En este momento de su narraci?n, vi? Schehrazada aproximarse la ma?ana, y discretamente no quiso abusar del permiso que se le hab?a concedido.


PERO CUANDO LLEGO LA 12? NOCHE


Ella dijo:
He llegado a saber, ?oh rey afortunado! que el saaluk, mientras la concurrencia escuchaba su relato, prosigui? diciendo a la joven: Despu?s que mi t?o di? con la babucha en la cara de su hijo, que estaba all? tendido y hecho carb?n, me qued? prodigiosamente sorprendido ante aquel golpe. Y me afligi? mucho ver a mi primo convertido en carb?n; ?tan joven como era! Y en seguida exclam?: "?Por Alah! ?oh t?o m?o! Alivia un poco los pesares de tu coraz?n. Porque yo sufro mucho con lo que ha ocurrido a tu hijo. Y sobre todo, me aflige verlo convertido en carb?n, lo mismo que a esa joven, y quet?, no contento con esto, le pegues con la suela de tu babucha".
Entonces mi t?o me cont? lo siguiente: "?Oh sobrino m?o! Sabe que este joven, que es mi hijo, ardi? en amores por su hermana desde la ni?ez. Y yo siempre le alejaba de ella, y me dec?a: "Debo estar tranquilo, porque aun son muy j?venes".
?Pero no fu? as?! Apenas llegados a la pubertad, cometieron la mala acci?n, y aunque lo averig??, no pod?a creerlo del todo. Sin embargo, ech? a mi hijo una reprimenda terrible, y le dije: "?Cuidado con esas indignas acciones que nadie ha cometido hasta ahora, ni nadie cometer? despu?s! ?Cuenta que no habr?a reyes que tuvieran que arrastrar tanta verg?enza ni tanta ignominia como nosotros! ?Y los correos propagar?an a caballo nuestro esc?ndalo por todo el mundo! ?Gu?rdate, pues, si no quieres que te maldiga y te mate!" Despu?s cuid? de separarla a ella y de separarle a ?l. Pero indudablemente esta malvada le quer?a con un amor grand?simo, porque el Cheit?n consolid? su obra en ellos.
As?, pues, cuando mi hijo vi? que le hab?a separado de su hermana, debi? fabricar este asilo subterr?neo sin que nadie lo supiera; y como ves, trajo a ?l manjares y otras cosas; y se aprovech? de mi ausencia, cuando yo estaba en la cacer?a, para venir aqu? con su hermana.Con esto provocaron la justicia del Alt?simo y Muy Glorioso. Y el los abras? aqu? a los dos. Pero el suplicio del mundo futuro
es m?s terrible todav?a y m?s duradero".
Entonces mi t?o se ech? a llorar, y yo llor? con ?l. Y despu?s exclam?: "?Desde ahora ser?s mi hijo en vez de ese otro!"
Pero yo me puse a meditar durante una hora sobre los hechos de este mundo y en otras cosas: en la muerte de mi padre por orden del visir, en su trono usurpado, en mi ojo hundido, ?que todos veis!
y en todas estas cosas tan extraordinarias que le hab?an ocurrido a mi primo, y no pude menos de llorar otra vez.
Luego salimos de la tumba, echamos la losa, la cubrimos con tierra, y dej?ndolo todo como estaba antes, volvimos a palacio.
Apenas llegamos o?mos sonar instrumentos de guerra, trompetas y tambores, y vimos que corr?an los guerreros. Y toda la ciudad se llen? de ruidos, del estr?pito y del polvo que levantaban los cascos de los caballos. Nuestro esp?ritu se hallaba en una gran perplejidad, no acertando la causa de todo aquello. Pero por fin mi t?o acab? por preguntar la raz?n de estas cosas, y le dijeron: "Tu hermano ha sido muerto por el visir, que se ha apresurado a reunir sus tropas y a venir s?bitamente al asalto de la ciudad. Y los habitantes han visto que no pod?an ofrecer resistencia, y han rendido la ciudad a discreci?n".
Al o?r todo aquello, me dije: "?Seguramente me matar? si caigo en sus manos!" Y de nuevo se amontonaron en mi alma las penas y las zozobras, y empec? a recordar las desgracias ocurridas a mi padre y a mi madre. Y no sab?a qu? hacer, pues si me ve?an los soldados estaba perdido. Y no hall? otro recurso que afeitarme la barba. As? es que me afeit? la barba, me disfrac? como pude, y me escap? de la ciudad. Y me dirig? hacia esta ciudad de Bagdad, donde esperaba llegar sin contratiempo y encontrar alguien que me guiase al palacio del Emir de los Creyentes, Har?n Al-Raschid, el califa del Amo del Universo, a quien quer?a contar mi historia y mis aventuras.
Llegu? a Bagdad esta misma noche, y como no sab?a d?nde ir, me qued? muy preplejo. Pero de pronto me encontr? cara a cara con este saaluk, y le dese? la paz y le dije: "Soy extranjero". Y ?l me contest?: "Yo tambi?n lo soy". Y est?bamos hablando, cuando vimos acercarse a este tercer saaluk, que nos dese? la paz y nos dijo: "Soy extranjero". Y le contestamos: "Tambi?n lo somos nosotros". Y anduvimos juntos hasta que nos sorprendieron las tinieblas. Entonces el Destino nos gui? felizmente a esta casa, cerca de vosotras, se?oras m?as.
Tal es la causa de que me ve?is afeitado y tenga un ojo hueco.
Cuando hubo acabado de hablar, le dijo la mayor de las tres doncellas: "Est? bien; acar?ciate la cabeza(1) y vete".
Pero el primer saaluk contest?: "No me ir? hasta que haya o?do los relatos de los dem?s".
Y todos estaban maravillados de aquella historia tan prodigiosa, y el califa dijo al visir: "En mi vida he o?do aventura semejante a la de este saaluk".
Entonces el primer saaluk fu? a sentarse en el suelo, con las piernas cruzadas, y el otro di? un paso, bes? la tierra entre las manos de la joven, y refiri? lo que sigue:

Tags: Cuentos

Publicado por raulsvl @ 16:09
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por invitado
Lunes, 15 de abril de 2013 | 21:16

Hola, estoy muerto, se que tu me puedes venir a sacar del infierno, te espero con ancias ¡Corre!

Publicado por invitado
Martes, 15 de noviembre de 2016 | 20:07

m parece una  histori ainteresante

Gestos con las manos